Para describir mi trabajo quiero  hablar de similitudes que he encontrado entre una metáfora sobre la miel y la escultura.

Cuando aún se encuentra en el panal, la miel  tiene una consistencia densa y opaca.  Al ser  extraída y procesada para  su consumo, ésta adquiere  liquidez, o más precisamente, viscosidad. En la miel, la viscosidad es  también  transparencia  y luminosidad. Su aspecto dorado y cristalino complementa la concepción sacra que de la miel han tenido culturas antiguas como la celta o la egipcia. Para dichas culturas, la miel es un modelo perfecto de diálogo entre la materia y la luz; entre  lo denso y lo intangible; entre el mundo material y el espiritual.  La miel aparece  como una sustancia de naturaleza solar;  hecha de una cálida luz amarilla-dorada. 

Traslado esta idea a la escultura. Para mí, en la escultura, como la miel,  la materia densa dialoga con fuerzas más sutiles como  la luz,  el olor, la temperatura o el sonido.  Del encuentro de estas diferentes dimensiones surge una fuerza independiente:  la forma.  La forma en sí misma es un mensaje que sólo puede ser recibido através de los canales de percepción del cuerpo: olfato, vista, oido, tacto, gusto.  Al llegar al cuerpo, naturalmente, la forma tiene una resonacia.

En la construcción de mis esculturas utilizo materiales que podrían pasar por desechos  como  pedazos de papel, hilos, ligas, alambre y objetos encontrados. También, experimento con aquellos que pueden ser denominados “orgánicos” como la cera de abeja, especias y telas de fibras naturales.  Al mezclar estas dos especies de materiales, después, es imposible separarlos. La acción-pulsión  del corazón es la fuerza que quiero hacer reberverar en mi escultura;  este es el sonido de la búsqueda y el encuentro.

 Yo exploro las múltiples dimensiones de la escultura cortando, cosiendo y torciendo hasta llegar a  las fuerzas más sutiles de la materia; mis piezas son completadas  por la luz que las revela al mundo tridimensional y, se expanden en la invisibilidad através del olor de miel de la cera, el clavo o la esencia de limón; estos olores, son aspectos de la formas que construyo y, que buscan activar  memorias  contenidas  en el cuerpo (que también es materia).

                                                                                                         
                                                                                             Verónica Sahagún
Ciudad de México,  19.2.06